EL PENSAMIENTO RELIGIOSO EN LOS XX AÑOS
DE LOS ACUERDOS DE PAZ
I. Situación y respuestas de las iglesias.
La historia de nuestro pueblo está llena de dolor, mucho sufrimiento causado por la injusticia social. Desde tiempo de la conquista se estableció profundizándose en desigualdad social, y por tanto el empobrecimiento.
Esta situación ha provocado movimientos insurreccionales permanentes, motivados por organizaciones populares. La iglesia ha sido desafiada por la realidad nacional e inspirada en el Evangelio, siempre ha habido líderes que se han pronunciado a favor de la justicia, libertad y defensa de los derechos humanos, ejemplo de ello: fueron los próceres de la independencia.
La orientación evangélica, relacionada con la realidad nacional, ha sido obra de Dios, por medio del Espíritu Santo, el surgimiento de mártires que con gran heroísmo ofrecieron sus vidas a causa del Reino de Dios, para salvación y para derrotar las injusticias y construir la paz con justicia social.
La iglesia del Señor que es una, ha sido la madre acompañando al pueblo, destacándose el liderazgo de Monseñor Romero, que con su martirio marca el inicio de la guerra civil, y con el martirio de los sacerdotes Jesuitas, marca el fin de la guerra.
Al iniciarse la guerra, inmediatamente crecieron las víctimas de la injusticia, quienes buscaron refugio en proyectos humanitarios y sociales en las iglesias.
El fin de refugiarse no fue planificado, fue parte del instinto de conservación de la vida. Nadie buscó la iglesia por ser católica, luterana, episcopal, bautista, reformada u otra denominación.
Por las víctimas de la guerra que buscaron atención en nuestras iglesias, ellas se sintieron desafiadas a responder con un sí o con un no; y con la fidelidad a Jesús en su proclama de Lucas 4, y con la visión profética del Antiguo Testamento, la opción estuvo a favor de los necesitados.
Las iglesias no planearon la ayuda desde el escritorio, ni la concibieron en ninguna consulta, si no que fue una respuesta instantánea al clamor de nuestro pueblo, sangrando, hambriento, sediento, perseguido, preso, exiliado, moribundo, víctima de la injusticia recrudecida por la guerra.
Ante el dolor de nuestro pueblo aprendimos las iglesias a ser ecuménicas, pudimos ofrecer testimonio de caminar unidos ante el dolor y la esperanza. Importó más, responder juntos al sufrimiento de nuestra gente, que las diferencias entre nuestros cuerpos eclesiásticos. Nuestras iglesias hicieron un llamado nacional e internacional, promoviendo y diciendo que el dialogo negociación, no es solo una alternativa, si no un deber cristiano, llamado que exigía agotar todas las posibilidades, encaminadas a la reconciliación. Mateo 18,15-22.
Con el crecimiento de las víctimas creció el amor, la relación refugiados, desplazados y marginados con las iglesias, las iglesias acompañamos a nuestro pueblo sufrido, y por ello fuimos parte de persecuciones, amenazas, cárcel, tortura y martirio.
Así mismo fuimos enviados por Dios a acompañar al movimiento popular, hacer un llamado a la solidaridad, defender a los sufridos, denunciar la injusticia, anunciar la gracia de Dios y dar las buenas nuevas de salvación.
II. (C.P.D.N.), Comité Permanente del Debate Nacional Por la Paz.
En agosto de 1988, el arzobispado de San Salvador, convocó a diversos sectores de la sociedad civil, en las iglesias para la participación y organización al pueblo, en lo que fue llamado el Comité Permanente del Debate Nacional por la paz; y este movimiento contribuyó grandemente en el proceso nacional de dialogo para la finalización pacífica de la guerra y firma de Acuerdos de Paz.
La iglesia a la cual sirvo, Iglesia Luterana Salvadoreña participó de este debate activamente e hizo propuestas para el proceso de paz.
El gobierno de la república de ese tiempo rechazó el debate nacional por la paz, y fue tildado de acción política de la guerrilla, también habían sectores de liberación, críticos a la propuesta de negociación.
El arzobispado católico dejo la continuación del proceso del dialogo para mantener neutralidad y el debate continuo, quedando en manos de las iglesias históricas y de organizaciones de la sociedad civil.
Los organismos mundiales de las iglesias, la Federación Luterana Mundial (F.L.M.), el Consejo Mundial de Iglesia (C.M.I.), Consejo Nacional de Iglesias (C.N.I.) de los Estados Unidos, iglesias de Alemania, de los países escandinavos: Noruega, Finlandia, Suecia, Dinamarca, países Europeos: Francia, España, Italia è Inglaterra.
Estas organizaciones con sus países y gobiernos ofrecieron apoyo a la búsqueda de la negociación, y en un proceso se fue avanzando desde aceptar, primero el dialogo, después la negociación.
Nuestras iglesias: católica, Anglicana, Bautista, Emmanuel y Luterana, junto a la cooperativa FUNPROCOOP, organizamos la coordinación ecuménica diaconía, sirviendo con ello a las víctimas de la guerra y a los procesos de paz.
El C.P.D.N., llegó a ser la más importante alianza de la sociedad civil, la coordinación estuvo a cargo de las iglesias, nombrándose al Revdo. Edgar Palacios, Coordinador del C.P.D.N. Las iglesias de la reforma, por ser Teología de la cruz, recibieron el llamado de Dios, para escuchar el clamor del pueblo, oponerse a la guerra y optar por apoyar el proceso de paz. Las iglesias son agentes para defender en nombre de Dios la vida, defendiendo por ello, a los marginados, humildes y necesitados, su clamor era por la Justicia Social, Paz y Libertad.
Las iglesias se entregaron a la causa de los pobres y víctimas de la guerra, se convirtieron en defensores de la paz y de los derechos humanos. Con la autoridad espiritual, las iglesias acompañaron al pueblo en el largo proceso de la búsqueda de la paz, entre tanto se sufría muerte, cárcel, exilio, tortura de sus líderes, pero la gesta de liberación y lucha fue poderosa, hasta estar presentes como testigos en la firma de los acuerdos de paz, en Chapultepec, México.
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